EL HABITAT Y LA POLÍTICA


Irrefutablemente el clima y las condiciones ambientales adecuadas de vida en muchos sectores del planeta, se están modificando a pasos agigantados en medio de sequias o de intensos periodos lluviosos, y a pesar de ello cientos de políticos y de funcionarios estatales ciegos y necios se rehúsan a aceptarlo desatendiendo la necesidad de crear mas leyes de protección al hábitat o de aplicar con rigurosidad las existentes.

El equilibrio entre el desarrollo humano y la explotación de los recursos naturales renovables, ahora conocido como desarrollo sostenible, es la nueva panacea con la que se pretende mitigar el desafuero al que se someten bosques, glaciares, ríos y todos aquellos bienes de carácter natural que el hombre ha explotado inmisericordemente desde nuestra aparición en el planeta.

Deplorablemente el abuso sobre todos estos medios no se detiene, a pesar de las premisas del desarrollo sostenible y en mayor causa por culpa del avaricioso afán de multiplicar ganancias y acumular éxitos; por ello se continúan adelantando proyectos como el de la mina la Colosa en el departamento del Tolima, que si bien es dirigida su explotación por una empresa legalmente establecida con amplia experticia en el manejo de la extracción minera, no deja de provocar mucha preocupación,  debido a que el área establecida para la extracción aurífera compromete al bosque andino de niebla, del que se surten acueductos veredales y municipales, además es la vertiente del departamento del Tolima que conduce sus aguas al rio Magdalena, cuencas que podrían resultar considerablemente contaminadas en su hábitat con residuos muy tóxicos, provenientes del lavado del oro con el cianuro en su proceso de purificación de otros minerales; acontecimientos ambientales suscitados de hechos impredecibles a nivel tectónico o de simples accidentes geológicos por la inestabilidad del suelo en esta zona, que podrían alterar el mejor plan de contención de químicos con las lagunas de lixiviados. La legislación debería ser extremadamente excluyente con la intervención minera en lugares como este por los riesgos  y daños al entorno tan evidentes.

Igualmente surge un inquietante documento que la revista semana a ayudado a difundir en asociación con Connetas.org, sobre la devastación causada a la selva amazónica y a su frágil ecosistema; daño ocasionado por la culminación desde hace un año de la carretera denominada interoceánica sur, que con un recorrido de 5404 kilómetros conecta la rivera Atlántica brasilera con el pacífico peruano. Esta mega obra concluida en su totalidad ha provocado la desforestación del bosque tropical en grandes extensiones sobre las dos márgenes de la carretera, trayendo el desplazamiento de fauna y debilitando el suelo que termina en casi un desierto seco como lo denuncia un documento periodístico realizado por esta ONG.

Adicionalmente a este aciago informe debemos adicionar la disminución del hielo ártico, que en este septiembre de 2012 ha reflejado el más alto nivel de deshielo desde 1979, año en el que se comenzaron a llevar registros pormenorizados de medición por satélite, lo que ha llevado a los climatólogos y especialistas en los hielos perpetuos a especular sobre los inminentes afectaciones sobre el clima global,  que puede causar este calentamiento excesivo del polo norte, agravado en el hecho de que los modelos climáticos no preveían un proceso de descongelación tan extremo en esta época.

Al igual que con los problemas económicos o sociales de gran envergadura, las soluciones terminaran en imposiciones de carácter autócrata y estatista, pues las discusiones sobre las medidas encaminadas a disminuir nuestros aportes en la destrucción del ecosistema terrestre son interminables y desprovistas de base legal estricta y con mínima aceptación por las sociedades mas industrializadas.

Pero penosamente como acontece con todos los problemas transnacionales, solo cuando las naciones con mas poder militar y económico perciban el inminente riesgo que todas estos aprovechamientos excesivos pueden producir sobre sus habitantes y territorios, afectando plenamente su seguridad y supervivencia; entonces ahí si, se decretaran de manera poco democrática las acciones que todos sin exclusión deberemos acatar.

Que absurdo que debamos llegar a esas instancias tan extremas para comprender que estamos apostando contra nuestra supervivencia como especie en el frágil ecosistema del planeta como tal.

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